La verdad es la libertad (Parte I)
Escrito por Betina PascarNada en el mundo puede resultar más doloroso como la pérdida de un hijo. Va contra la ley de la naturaleza y el ciclo de la vida. Sin embargo, que de un minuto a otro un hijo o un nieto “desaparezca” sin dejar rastros resulta por demás racionalmente incomprensible e insoportable de sostener.
Esto sucedía en Argentina cuando el 24 de marzo de 1976, los militares – golpe de estado mediante – tomaron el gobierno imponiendo una política de represión dirigida a destruir toda forma de participación popular e imponer el “orden” sin ninguna voz disidente. Así, más de 30 mil personas de todas las edades y condiciones sociales (estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales y otros) fueron secuestradas, torturadas, asesinadas y “desaparecidas”, palabra que comenzó a utilizarse para hablar de las personas secuestradas que nunca regresaron a sus hogares; de las cuales sus familiares desconocían su paradero e ignoraban incluso si estaban vivos o muertos.

Madres de Plaza de Mayo
Asimismo, centenares de niños – que fueron secuestrados junto a sus padres o nacieron en centros clandestinos - fueron apropiados e inscriptos como hijos propios por los miembros de las fuerzas de represión, vendidos o abandonados en institutos como seres sin nombre. De esa manera, anulando su verdadera identidad, también los hicieron “desaparecer”, privándolos de su propia historia y su legítima familia.
En ese siniestro imperio del terror, en abril de 1977, surgieron las “Madres de Plaza de Mayo”, un grupo de mujeres que se atrevió a desafiar al poder realizando una manifestación pacífica pública contra la dictadura: ellas se reunían todos los días jueves y daban una vuelta alrededor de la Plaza de Mayo (situada frente a la Casa Rosada, sede de la Presidencia y lugar donde tradicionalmente se efectúan las protestas políticas), con pañuelos blancos en su cabeza, como un símbolo que las identificaría, exigiendo que alguien les dijeran dónde estaban sus hijos.
Para la misma época se formaron también las “Abuelas de Plaza de Mayo”, con el fin de buscar a los hijos de sus hijos secuestrados. Sin pausa, durante 30 años de desesperada búsqueda, esta asociación logró restituir a sus familias biológicas a 87 nietos (hoy jóvenes entre 25 y 30 años), comprobando - a través de la ciencia genética – que habían sido robados y que el reparto de bebés fue tan planificado por los militares como el asesinato de sus madres.

Abuelas de Plaza de Mayo
Juan Cabandié no le escapa a ningún tema, por doloroso que resulte, ya que sabe que hacer pública su vida y hablar sobre ella es la mejor manera de curar sus heridas. Esas que se produjeron cuando a días de nacer fue arrancado de su mamá, esas que sólo empezaron a cerrarse a principios del 2004, a los 26 años, cuando luego de un examen de ADN le confirmaron su verdadera identidad: era hijo de Alicia y Damián, secuestrados en 1977, a la edad de 19 y 16 años, respectivamente.
Esta es la historia del nieto Nº 77 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, quien fue “apropiado” por Luis Falcó, un ex oficial de inteligencia de la Policía Federal Argentina e inscripto como su hijo bajo el nombre de Mariano Andrés.








Lunes, 11 Febrero de 2008 a las 9:36 am
Impresionante trabajo el que estás haciendo Betina. Espero impaciente que nos acabes de contar la historia del nieto nº 77.
Un saludo
Jan
Lunes, 11 Febrero de 2008 a las 1:34 pm
Gracias, Jan.
Te aseguro que en la II parte de esta nota viene lo mejor: conocer la conmoverdora historia de Juan, contada por él mismo.
Quedate atento que ya llega…
Besos
Betu
Lunes, 11 Febrero de 2008 a las 11:42 pm
Impresionante documento Bertina, la verdad es que en Argentina habéis sufrido verdaderas barbaridades, como en el resto de Sudamérica. Parece ser algo tan normal ver como pasan estas cosas sin que nadie haga nada. Todo ello es triste, muy triste, y más cuando somos conscientes de que pasa y sigue pasando. ¿Y nos llamamos humanos?
Martes, 12 Febrero de 2008 a las 3:39 pm
Enkil: esos años de dictadura militar representan el capítulo más terrible de nuestra historia como país, pero por suerte estamos madurando y valoramos la democracia, con todas sus imperfecciones.
De todos modos, las vejaciones a los derechos humanos no son patrimonio sólo de Sudamérica; abundan en todas las partes del planeta aún en los que se consideran “Primer Mundo”.
Besos,
Be
Miércoles, 13 Febrero de 2008 a las 5:23 pm
beti :otra reportaje excelente ,que demuestra tu profesionalidad ,no importa el tema o el entrevistado siempre logras sacar de ellos lo escencial un beso walter.
Miércoles, 13 Febrero de 2008 a las 5:31 pm
Gracias, Wal!
Viste?: este diamante, aún en el barro, no se rinde…
Te adoro
Be
Miércoles, 27 Febrero de 2008 a las 1:57 pm
Betina, increible tu post, las abuelas y madres son un ejemplo para el mundo, un ejemplo de perseverancia y lucha y cada jueves estan ahi pase lo que pase reclamando lo que les pertenece y les ha sido robado. Excelente articulo! y además muy interesante descubir a Juan Cabandié. Gracias!