Sudáfrica

Escrito por Jan

Todos los viajes te cambian un poco… o por lo menos con esa intención viajo yo. Quiero empaparme de nuevas experiencias, abrir la mente a nuevas impresiones, sabores, pensamientos, paisajes y siempre… aprender!

Suelo llevarme lo mejor de cada lugar porque creo que ese es el privilegio del viajero. Y lo mejor no es siempre lo mas bonito, lujoso o divertido…

Ahora me siento en el punto medio entre viajero y ciudadano, dos meses no es mucho pero es más de lo normal para conocer un país. Me encuentro en un país cuyo encanto es la pura contradicción, Sudáfrica. Exactamente vivo en la región de Kwala Zulu Natal, que tiene un tamaño aproximado al de Portugal. Y solo es un pequeño trozo de este inmenso país lleno de dobles lecturas que por ahora nadie atina a interpretar.

Pero he de aprender a querer este país aunque mis neuronas se subleven y no cooperen… porque es difícil ver cómo en una ciudad como esta, Durban, viven de forma absolutamente independiente todas las culturas. Existen miles de fronteras invisibles con leyes no escritas que todo el mundo espera que cambien pero que pocos luchan por cambiar…

Las personas de color, consiguieron su libertad no hace mucho, pero nadie les ha contado cuales son sus derechos por si acaso los solicitan y ellos viven en libertad pero sin oportunidades. Creo que, por supuesto, es un gran paso, pero la crispación se nota en unos y la tristeza, en otros.

Los blancos (divididos a su vez en afrikáans, británicos y mezcla), los negros (divididos en unos 16 dialectos y por lo tanto de culturas), musulmanes, mulatos y los indios solo se mezclan en el cine o en los restaurantes pero no conviven, no aprenden los unos de los otros. No usan la mentalidad del viajero. Porque ellos no viajan… no se si siquiera sueñan. Viven y dejan vivir pero cada uno en su sitio.

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Fotografía gracias a Morrisette

Los blancos en su gran mayoría son racistas porque han visto como el país ha ido en decadencia desde que desapareció el apartheid. Y es que de repente, un montón de gente que no había tenido ningún tipo de educación, ni profesión, ni había tenido que pensar en cómo ganarse la vida -porque otros pensaban por ellos-… van y los sueltan en la jungla de una gran ciudad, sin reglas, sin manual. Les dicen que la ciudad es el único espacio con ciertas oportunidades para trabajar… (Y será verdad…) y millones de personas a la vez sin nadie que les indique… comienzan a moverse… Movimiento confuso y peligroso…

Y en eso están… Algunos en la universidad, otros ya tienen trabajo y otros siguen luchando por no perder sus raíces y no morir de hambre. Muchos matan, atracan, violan y se esconden. De ellos mismos…

Todos los días muere gente por disparo de arma, las mujeres son violadas, cientos de atracos y secuestros suceden todos los días… y eso es lo normal. La libertad tiene ese precio.
Ahora los reprimidos tienen hambre y no tienen oportunidades. Y por supuesto su objetivo es el represor, el blanco. El que les ha estado quitando sus derechos durante años…

La gente tiene rejas en sus casas con alambre de espino, otros, vallas electrificadas y todos, de todos los colores, un tremendo miedo en el cuerpo.

Y aquí vivo yo, turista de país privilegiado mirando atónita a mí alrededor. Porque en parte les entiendo un poco a todos y no se muy bien que haría si viviese en esta ciudad. Porque yo soy blanca, eso no lo puedo evitar, y tengo un lugar en esta ciudad. Un lugar privilegiado y por lo tanto doble punto de mira, para el que busca venganza y para el que busca comida. Soy blanca y turista (=$). Es difícil para mí, plantearme exactamente qué es lo que haría… porque la realidad es que no hay sitio para los blancos en el día a día de los negros, ni tampoco negros en el día a día de los blancos. Esa es la realidad. Que se hace cuando quieres otra realidad? Me gustaría preguntárselo a Mandela. Pero no hay muchos con la fuerza interior y el carisma exterior capaz de cambiar un país. Porque aunque no sea el mejor país del mundo es un país libre y eso no tiene precio.

Me gustaría poder seguir en contacto con la historia no escrita de este país, y ser testigo de su crecimiento, del encuentro entre una maravillosa gente y de la mezcla entre culturas milenarias.

Sudáfrica y su contradicción tienen un encanto que hay que saber interpretar. Yo he estado buscando los subtítulos durante demasiado tiempo pero me alegro de haber descubierto que esto es versión original, que hay que saber vivir y esperar.

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3 comentarios en “Sudáfrica”

  1. enkil tuvo el detallazo de dejar el siguiente comentario:

    Pues si sigues contándola por mi parte tienes un lector fiel. Es un relato fuerte, duro, no ha de ser fácil ver, sentir, vivir ahí, aunque sea desde la posición turística. Dos meses son toda una eternidad depende donde te metas. Ha de ser todo un cúmulo de sensaciones, tal vez demasiado desagradables algunas (el racismo, el miedo…) Las grandes ciudades ya son de por si caóticas, pero vivirlas al otro lado del mundo ha de ser… toda una experiencia.

  2. Chema Madoz - Compleja Sencillez « Uno de los nuestros tuvo el detallazo de dejar el siguiente comentario:

    [...] de irme de vacaciones, Jan de Los imprescindibles (no os perdáis sus aventuras en Sudáfrica) me recomendó a Chema Madoz, fotógrafo madrileño nacido en 1958, el cual ya conocía de ver sus [...]

  3. sinazimut tuvo el detallazo de dejar el siguiente comentario:

    ¿Qué se hace cuando se quiere otra realidad?. Que buena pregunta, ¿no?. Lo curioso es que 30 siglos de historia de las revoluciones no se han puesto de acuerdo en “qué hacer”, por más que Lenin nos dedicara un panfleto (con perdón: Santo Dios, me echarán del Partido definitivamente) al tema en cuestión.

    De entrada, yo lo primero que haría sería hacer una reflexión como la que haces en tu artículo: primero sanear el cuarto; luego, poner muebles.
    Pues nada, nada: al tajo.

    Yo te acompaño en las próximas letras que nos regales.

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