Archive for the ‘El rincón de Macumazahn’ Category

El trastero, ese gran desconocido…

Escrito por Jan el Lunes, 12 Mayo de 2008

Hoy domingo me tocaba realizar una tarea que llevaba bastante tiempo postergando; limpiar el trastero para dejar paso a mis nuevos juguetitos.

En él tengo almacenados todos los recuerdos de mi vida, aunque tiendo a pensar que más bien lo que tengo almacenado es la basura de mi vida y es que los trasteros, son el contenedor donde vamos arrojando lo que ya no queremos y hay mucha basura acumulada ahí.


Un día de estos ordeno mi casa

Lo bueno de tener un trastero es que puedes camuflar tu síndrome de Diógenes sin temor a que nadie te diga nada.

Desde las fotos de tus ex hasta tus primeras películas porno en formato VHS, pasando por ese diario que escribiste con tanto ahínco y todo, bien guardadito. Menos mal que tras unas cuantas horas de trabajo y limpieza, mi trastero ha muerto, viva mi trastero.

Powerslave

Escrito por sinazimut el Martes, 11 Marzo de 2008

Hoy es de esos días en los que vivir es un acto de violencia.

Cuando me desperté no tenía a mi lado tu cuello, no pude dejar besos en tu frente.

Respirar cuesta un trabajo infinito - me duele - mientras me dejo caer hacia la autopista. No tengo a mi lado tu mirada llena de sueño y no puedo, lógicamente, acertar con los desvíos que debo tomar para darte mi abrazo cotidiano, imprescindible para mis pulmones, mis dedos, mis costillas, mis huesos. Hago, entonces, el viaje en silencio. El aire frío de la madrugada queda sobre los asientos vacíos, ingrávidos . Al llegar donde te dejaba estos últimos días, tampoco pude tocar el culo que me ofrecías, con consciencia descuidada, casual, al bajar del coche: encontrabas en esa caricia el anticipo de la visita de mi propio aliento.

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Pulsa sobre la imagen para ampliar

Como todo me cuesta tanto esfuerzo, me agoto buscándote en una niebla solo existente para mis ojos. Me atormento pensando que no merezco nada, que nada sé en torno a la belleza del mundo si no miro y lamo tus pezones, día a día, con la misma urgencia que si acabara de nacer, fueras mi madre, tuviera hambre.

Hace tiempo que no sé nada y me pierdo constantemente en los nudos de las autopistas, en los cruces retorcidos por la noche y las luces, en desvíos e incorporaciones mal indicados por carteles nuevamente vacíos de letras y números, pero siempre brillantes, visualmente preciosos y limpios .

Estoy cansado, quiero irme. Tengo que vigilar con cuidado el mundo, lo que me rodea, y encontrar su descuido durante los minutos necesarios para que mi vida siga, esta vez sin mí.

Ciudad triste

Escrito por Jan el Sábado, 1 Marzo de 2008

Llevo desde hace más de un año viajando prácticamente todas las semanas. Como decía Mike River, cada día despierto en distinta habitación.

Esta semana la ciudad de turno se despertó vibrante, optimista, con renovadas energías para afrontar el nuevo día; nosotros tras acostarnos no muy tarde le acompañamos en cada instante, esperando ese momento en el que tienes que dar el do de pecho.

Ahí estás, delante de la gente, ellos te miran con angustia, deseando que acabes pronto, que todo termine lo antes posible. Tu aceleras el ritmo, en realidad todo te da igual, pero piensas en ellos y quieres echarles un cable.

Son las 20:30 y afortunadamente para ellos estás acabando tu trabajo.

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Foto gracias a Pixalia

Acabo rápido, en media hora empezará el partido, la gente en vez de salir del trabajo se evapora, son tantas las ilusiones puestas en su equipo que hasta piensan dar día libre si llegan a la final.

A nosotros no nos gusta el futbol, salimos a cenar unos pinchos muy ricos por apenas 12 euros cada uno en el Cañadio y después nos vamos a tomar 4 cubatas en el bar de enfrente, el vodka, por supuesto es de riguroso garrafón, pero cuando me lo estoy bebiendo, me sabe a gloria, como si fuera de los buenos.

Restaurante Cañadio
Restaurante Cañadio, sin duda muy recomendable

Pero esta noche la ciudad sin nosotros saberlo, está triste, apagada, las miradas se entrecruzan con desesperación, El Racing ha perdido 3 a 1 contra el Getafe y la cosa se pone chunga.

Nosotros acabamos nuestras copas y nos vamos al hotel, mañana gracias al maldito vodka, será otro ruidoso día, avión de vuelta y a casa, la semana que viene más y mejor.

Una historia real, una historia ¿de amor?

Escrito por Henry-VIII el Viernes, 25 Enero de 2008

Hoy he recordado a alguien especial que protagonizó la historia que posiblemente mas me ha impactado en la vida, quizá por venir de alguien a quien conocí y con quien mantuve una buena amistad.

A mediados de los 80, cuando yo me ganaba los duros siendo músico profesional, tuve la inmensa suerte de grabar un disco en Inglaterra con John Eden, productor de los míticos Status Quo.

Yo tocaba por aquel entonces en un grupo de rock español y nos fuimos durante 3 semanas a grabar en un estudio situado a 200 kms. de Londres, en plena campiña inglesa.

Allí conocí al protagonista de esta historia. JB. Así se llamaba. “Yi Bi” en la fonética Inglesa.

JB era corso y orgulloso de serlo. Divertido, fanfarrón, escandaloso y buena persona. Estaba casado y locamente enamorado de Mariani, una holandesa preciosa hasta el último milímetro de su esencia.

Vivían en Londres, en un piso increíble con unas vistas aún mas increíbles de Hyde Park. Tenía un par de buenos coches (un Jaguar y un BMW deportivo), dinero y un trabajo como AR (AR= Artist Representative, que era una especie de intermediario entre el artista y la compañía discográfica para hacerles más fácil la vida a ambos) de músicos de la talla de George Harrison, Phil Collins o Eric Clapton.

Comía a dos manos, literalmente porque casi nunca le ví usar cubiertos, y bebía mucho y bien, generando alegría y buen rollo allá donde estuviera.

Un hombre feliz que había hecho de casi todo en la vida. Fue locutor de un programa de radio pornográfico en UK donde la inglesas llamaban en directo y calentaban las ondas, trabajó de ”pipa” (los que montan y desmontan los instrumentos) de Genesis y de Camel y además estaba orgulloso de poseer la tercera colección de videos porno mas grande de Europa después de Andy Gibb (hermano de los Bee Gees) y de Dieter Dierks, productor de los Scorpions.

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Peter Callesen

Escrito por Jan el Jueves, 27 Diciembre de 2007

Este tipo sin duda debe ser bastante curioso, casi tanto como su afición a crear maquetas en papel desde más de un metro de alto hasta las típicas en tamaño folio.

Sujetandose
Holding on to myself

Todas estas figuras tiene algo en común, su relación entre las dos y las tres dimensiones, siendo prisioneras la una de la otra.

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Half way throug

Desde el año 2004 Peter lleva convirtiendo hojas de papel en blanco, vacías de todo significado en pequeñas historias, en figuras atrapadas en su origen, en sucesos a punto de ocurrir.

Snowball
Snow balls

Gracias a Morisette por la anotación ;-)

Revolución

Escrito por Jan el Viernes, 2 Noviembre de 2007

Paradojas de la vida, recojo desde el recogedor un cortometraje basado en un relato del escritor polaco Slawomir Mrozek del que por supuesto trataré de hacerme con alguno de sus libros. De entre todas sus frases, quizás me quede con esta:

“Cuando trates de hacer una revolución, nunca llames a un banquero, llama a un poeta; pero ten por seguro que vas a necesitar la fuerza.”

Visto en recogedor

LEJOS DEL GRAN SUR (A la espera del Invierno)

Escrito por sinazimut el Martes, 2 Octubre de 2007

Estas ahí, al otro lado de la cuerda y vienes hacia mí pisando la roca tórrida de las tardes Julio.

Tu presencia insólita - campo de flores rojas a las puertas de Zagora – aplasta los días malditos por mi hiel. El aliento de tu mirada me empuja fuera, lejos de la memoria del desierto, en la orilla de inmensos pozos de agua hundidos en un mundo mineral , perpetuo. Sin esfuerzo, me colocas a salvo de la arena , punzante fruto de mil tormentas.

Andas despacio, hacia el último límite que mis manos heridas pueden alcanzar, hacia el confín más impreciso y deseado de toda esperanza. Mis sueños, sedientos y acribillados, se empeñan en darte forma, en justificar de forma indolente, necia, el sentido final del universo que ocupas. Paseo por dunas extrañamente inertes, tal vez de color blanco. Busco.

Mis entrañas no se explican tu imagen, firme a mi lado, inagotable. Necesitaría beberte, respirar al abrigo de tu sudor para creer que sigo existiendo, más allá del cruel recuento de segundos, horas, días de tormenta cegadora. Necesitaría vivir unos instantes a través del sabor a sangre de tus besos.

Estoy cansando y tu estás lejos de mis fuerzas. Aunque estés ahí, en el otro extremo de mi cuerda.

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Quiero seguir soñando

Escrito por Macumazahn el Lunes, 24 Septiembre de 2007

Hace unos domingos leía sorprendido en el suplemento dominical de un periódico que sesudos análisis de una universidad lejana habían descubierto la razón última de la gordura, de la obesidad, de la abundancia de carnes en general. Y, contra lo que pudiéramos pensar, no es resultar agraciado en la lotería de nonatos con un gen que tenga los cables cruzados (la espiral de ADN retorcida en el sentido equivocado) ni la insistencia agobiante por acabar platos de papilla cada día más llenos de unos padres obsesionados con poder mostrar a la familia y a la vecindad un querubín henchido y sonrosado. No. La culpa la tiene un virus, un microscópico cóctel explosivo de proteínas asesinas que se contagia en los diminutos salivazos que viajan por el aire disparados por interlocutores que, sin saberlo, participan en un peligroso tiroteo con enfermedades sustituyendo las balas.

Hoy mismo me entero por una revista, de fuentes dudosas, eso sí, que otra universidad de presupuesto hipertrofiado y meritorios ociosos ha llegado a la curiosa conclusión de que las mujeres han desarrollado a lo largo de milenios un sistema simpático (no por gracioso, sino por vegetativo e independiente de la voluntad consciente) que les permite detectar, a través de la saliva intercambiada mediante el beso con un varón, si éste reúne las cualidades necesarias para ser el padre que sus hijos necesitarán. De nuevo la información, que es poder, viajando en la saliva. Supongo que serán las cualidades físicas, como la fuerza y la resistencia a las enfermedades, y no las morales, que no creo que tengan su reflejo en la saliva; o quizá sí. Esto seguramente nos lo confirmará otra investigación detallada del departamento de al lado.

Este avance acelerado de la ciencia amenaza con no dejar espacios sin explorar, huecos vacíos en los mapas, aunque sea en los de la imaginación.

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Fotografía: Jan Neville
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Bien fuerte

Escrito por Jan el Martes, 18 Septiembre de 2007

Es lunes, la jornada intensiva se te ha acabado, es el primer día de otro largo año trabajando de 09:00 a 18:00. Llegas al trabajo con la cabeza agachada pensando; según entras notas como el corazón se te encoge en el pecho, mientras, tu cabeza revolotea en mil pensamientos que tratan de sacarte de tu realidad. Te pones tu escudo, tu coraza y avanzas por el pasillo hasta tu sitio, enciendes el ordenador y decides perderte hasta que llegue alguien que rompa tu silencio interior.

¿Esta es tu vida? Si es así, yo sólo quiero golpearte muy fuerte, hasta que te retuerzas de dolor porque eso significará que aun estás vivo y quizás entonces te des cuenta que sólo hay un ahora, que este momento ya se acaba de escapar y jamás lo podrás volver a vivir, mientras, piensas para ti mism@ si mereció la pena dejarlo pasar así.

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Fotografía: Jan Neville

La próxima vez que me veas, por favor, golpéame bien fuerte, como solo tú sabes hacerlo.

El viejo cadillac

Escrito por Jan el Sábado, 15 Septiembre de 2007

Daba igual a que hora del dí­a o de la noche llegara; el caso es que, por donde ella pasaba, iba haciendo ruido. La gente la miraba con la admiración secreta y escondida que siempre causa la envidia oscura, profunda.

Sus labios siempre de un rojo intenso, casi metálico que pedían a gritos ser mordidos, ser besados; sus delicadas líneas que buscaban una mano que siguiera sus curvas de atrás hacia adelante y de arriba a abajo; sus largas pestañas que protegían sus ojos brillantes del fugaz reflejo que la luz del sol convertía en miles de estrellas; su boca, fina y alargada, que hacía que el aíre deseara convertirse en su aliento.

Y ahí estaba ella, siempre tan infinita, aparcada en la puerta del bar…

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Fotografía de Jan Neville
 
…esperando a que alguien se subiera en ella.