Archive for the ‘El rincón de Macumazahn’ Category

Un tranvía llamado deseo

Escrito por Jan el Martes, 4 Septiembre de 2007

La verdad es que nunca llegué a coger el último tranvía, pero en la parte de mi cerebro en la que aun vive mi “yo niño” nunca olvido aquellos tranvías por las calles de Granada.

No sé que es lo que tienen, pero lo cierto es que son mágicos y cada vez que veo uno, no puedo evitar retroceder unos años hasta mi infancia, aunque si lo pienso bien quizás no sean unos años, sino quizás unos días, porque yo me pregunto ¿cuando deja uno de ser niño? Quizás algunos nunca lo fueron, pero yo siempre lo seré, te lo aseguro…

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El hombre que no se movía nunca de la ventana

Escrito por Macumazahn el Lunes, 30 Julio de 2007

Desde que la mujer de Lot, a pesar de haber sido previamente avisada, miró hacia atrás, hacia Sodoma, para ver qué se había hecho de su casa y quedó inmediatamente convertida en estatua de sal, en el imaginario han proliferado los personajes a los que la falta de paciencia o el exceso de ella les convirtió en piedra ejemplarizante para todos los demás. Ya se sabe, la virtud es el justo medio entre dos extremos.

Maná cantó la eterna espera de la mujer del marinero del muelle de San Blas, que acabó enraizada en el pantalán como un noray más, aguardando para siempre un regreso que no se produjo. José María Cano escribió, primero para Mocedades y luego para su propio grupo, la paciencia infinita de Ana, la novia del pescador, aquélla de la que se prendó el mar que, verde de celos, decidió retener al novio mortal, dejando a la mujer condenada a una espera interminable en la playa. Esa fe conmovedora en la promesa hecha sobre una cama aún caliente la convierte en una roca blanca que mira al horizonte y pregunta a cada vela que se perfila en él.

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Fotografía de Jan Neville

El hombre de la ventana también se cansó de esperar sin esperanza. Quizá a una mujer fingidamente fiel y amante, quizá a la hija díscola que debía regresar antes de las once y no cumplió lo prometido, quizá sólo al camión del butano cuando días antes se había instalado conducción para gas natural en toda la calle.

Le petit-déjeuner

Escrito por Macumazahn el Jueves, 26 Julio de 2007

El desayuno del madrugador, aquél al que le separa del trabajo una hora de atasco o de transporte ganadero subterráneo, es hosco, huraño, casi hostil. El estómago aún está somnoliento, todavía no se ha preparado para su labor, y encaja a regañadientes los cereales o las galletas.

No se disfruta de esa comida, sólo se engulle el mínimo tolerable para llegar entero a la primera parada de la mañana. También las cuerdas vocales y la educación están frías por falta de uso y, si el desayuno es compartido, no se habla, o se hace con monosílabos descorteses, casi guturales o asilvestrados. Hay que estar muy enamorado de la otra persona para mantener una conversación razonable en un desayuno de madrugada.

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Fotografía de Jan Neville

El desayuno ocioso, atemporal, de fin de semana o, mejor aún, de vacaciones, es el primer placer de la jornada. No hay prisa, no hay límites. Cabe la lectura ociosa del periódico, la contemplación soñadora del horizonte marino, la respiración reposada de los aromas silvestres. Cabe el desayuno rotundo y energético del que está más cómodo en el lado salado y también la ingesta despreocupada e inconsciente de bollería industrial del que prefiere el dulce. Cabe el zumo, la macedonia, el batido. Hasta la pesca tranquila y laboriosa del cereal extraviado que bucea entre dos aguas. No importa. Es el primer placer de la jornada, y los demás estarán ahí aunque les toque esperar.

Mañana muerto

Escrito por Jan el Martes, 10 Julio de 2007

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Fotografía de Jan Neville

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Rubén Darío

La mirada perdida

Escrito por Macumazahn el Domingo, 8 Julio de 2007

“El mar es una eterna pregunta que algún día tendremos que contestar”, le hacía decir Alejandro Casona al Maestre de Campo en “Corona de Amor y Muerte”.

Y Andrés, en “La Dama del Alba”, explica que “el mar es cuando hay una orilla; el río, cuando hay dos”.

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Fotografía de Jan Neville

Pero no es cierto, siempre hay otra orilla, otro puerto. El Dorado cargado de promesas aguardando, dormido, al otro lado. Un sueño de libertad, una respuesta al anhelo del hombre de abrir nuevos caminos, de ver nuevas tierras, de creer que sí hay un caldero lleno de monedas de oro enterrado al otro extremo del arco iris.

Sin embargo cruzar al otro lado también supone abandonar el terreno conocido, cambiar el nido caliente y abrigado por la volátil promesa de un futuro mejor.

Por eso la mujer y la gaviota miran el horizonte lejano desde el puerto con una mezcla de miedo y deseo, con nostalgia, con melancolía, pero también con hambre y con esperanza.

Reflejo

Escrito por Macumazahn el Miércoles, 4 Julio de 2007

Te tuve que mirar reflejada en el agua para que no me dejaras petrificado, como si tú fueras un hermoso basilisco y yo Hércules en sus doce trabajos. Para que no me dejaras muerto de amor, como si tú fueras Medusa y yo Perseo luchando por Andrómeda.

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Fotografía de Jan Neville

Tiemblo cuando te miro de frente, enrojezco cuando te diriges a mí. Se me dispara el pulso cuando me tocas. Enfermo cuando me sonríes.

Pero me da igual. Moriría si no lo hicieses

El último que cierre

Escrito por Macumazahn el Martes, 19 Junio de 2007

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Fotografía de Jan Neville

El último paga.

Marica el último.

El Último Teorema de Fremat, el que escribió en el margen de la “Aritmética” de Diofanto.

“El Último Samurái”.

“El Último Catón”, una respuesta española a Dan Brown.

“El Último Gran Héroe”.

El Último Guerrero, heredero del cinturón de Hulk Hogan.

Quien ríe el último, ríe mejor.

“El Último Mohicano”, de James Fenimore Cooper.

“El Último Rey de Escocia”.

El Último de la Fila, Quimi y Manolo, Manolo y Quimi.

El último grito.

“El Último Merovingio”, de Jim Hogan.

“Sé lo que hicisteis el Último Verano”, y os lo voy a hacer pagar a golpe de gancho.

Lo último de lo último.

“El Último Metro”, de François Truffaut.

“El Último Tango en París”, untado en mantequilla.

El último que cierre

El faro del fin del mundo

Escrito por Macumazahn el Lunes, 18 Junio de 2007

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Fotografía de Jan Neville

El primer faro no tuvo nombre: cogió prestado el de la isla que lo acogía. La última Maravilla del Mundo en desaparecer.

            Desde entonces hasta ahora, cuando los nuevos faros del Reino Unido están obligados a construirse con helipuerto, ha llovido mucho, ha pasado mucha agua bajo los puentes, y mucha más, en pequeñas olas perezosas coronadas de espuma y en tormentosas resacas de mares inhóspitos, ha golpeado la base pétrea de todos esos faros que, como los leprosos antiguos y su campanilla delatora, avisan a los demás de lo bien que harían en mantener las distancias, en no correr como los tontos en un terreno donde hasta los ángeles temen pisar.

            El faro como adelantado, como ermitaño en territorio hostil, como profeta en un desierto de agua, rocas afiladas y bajíos traicioneros. El faro como vigía privilegiado, proa de luz en las tinieblas exteriores. El faro en el finis terrae, un guiño luminoso en el vacío.

La Torre de Hércules en Coruña es la construcción civil más antigua en funcionamiento, el día que caiga Hércules, ese día, será el de El faro del fin del mundo…