La verdad es la libertad (Parte II)
Escrito por Betina Pascar el Martes, 12 Febrero de 2008Esta es la historia del nieto Nº 77 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, quien fue “apropiado” por Luis Falcó, un ex oficial de inteligencia de la Policía Federal Argentina e inscripto como su hijo bajo el nombre de Mariano Andrés.
La entrevista tuvo que desarrollarse en forma telefónica ya que Juan Cabandié tiene una agenda completísima: a sus múltiples tareas como legislador de la Ciudad de Buenos Aires, se agregan los innumerables reportajes para los cuales es requerido; y a ello, se le acaba de sumar el rol más hermoso: su reciente paternidad. Sin embargo accede al diálogo con Los Imprescindibles y, como disculpándose porque su intensa actividad no le permite recibirnos personalmente, dirá “soy más común que cualquiera”, pero sabe que por más que se empeñe, tal aseveración no podrá ser cierta.

Juan Cabandié
Durante toda la charla, en su discurso habrá palabras recurrentes como respeto, libertad, verdad e identidad. Y otras que no mencionará bajo ninguna circunstancia, ni siquiera como por descuido: será cuando deba aludir a sus “apropiadores”, a los que lo criaron, a quienes sólo se referirá como “él” o “ella”.
- ¿Cómo era tu vida antes de que confirmaras tu verdadera identidad?
Era una vida que intentaba estar dentro de los márgenes normales, aunque yo siempre intuí que había un enigma en mi vida, es como una posición casi filosófica. Andaba por la vida intentando dar una respuesta a algo que no tenía muy claro qué era.
- ¿Era buena la relación familiar en esa casa?, ¿se hablaba de temas relacionados con la dictadura, por ejemplo?
No, no se hablaba de eso. Además, yo le tenía un miedo importante a “él” por su formato, por la violencia. Había maltrato físico y verbal, yo fui criado con miedo, y eso es difícil de superar. “El” era muy violento y autoritario en su trato, en el lenguaje no verbal. Supongo que “querría quererme”, pero una persona que comete la atrocidad que “él” cometió no puede nunca llegar a lograrlo. Cuando yo tenía 19 años se fue de la casa y no lo vi más.
- ¿Qué indicios te llevaron a pensar que no eras hijo de los Falcó?
Algo me decía que no pertenecía a ese ambiente; yo siempre me interesé por temas sociales, por los sectores más vulnerables; mi estilo no coincidía con el de esa familia. Además, en la casa no había ninguna foto de mi supuesta madre embarazada, ni mías de chico, eso me inquietaba, y me generaba muchas preguntas. “Ella“ me ocultó la verdad cuando se lo pregunté. Crecí con la presión de querer develar ese enigma que estaba dentro mío: el de mi verdadera identidad.
- ¿Cómo fue el proceso que llevaste a cabo para llegar a la verdad?
Fueron pasos paulatinos. A los 23 años empezaron a surgir cada vez con más fuerzas las dudas en relación de que yo era hijo de desaparecidos. Primero fue una búsqueda solitaria, muchas horas de indagar dentro mío; después comencé a hacer una revisión de la historia de nuestro país a partir de la influencia respecto de cómo “ellos” me habían educado. Finalmente, cuando estuvieron dadas las condiciones internas mías, hablé con mi hermana Claudia (la otra hija de los apropiadores), le formulé mis hipótesis, y ella me acompañó en mi búsqueda. En un momento, ella también dudaba si era hija de desaparecidos pero después corroboramos por su edad y su parecido físico que no. Me acerqué a las Abuelas de Plaza de Mayo para hacerme los estudios y entonces llegué a la verdad.

Juan Cabandié
- ¿Qué pasó por tu mente en ese instante en que dejabas de ser Mariano para ser Juan?
Sentí un gran alivio porque se confirmaban mis sospechas. Recuperaba mi libertad que había estado buscando intensamente. Porque la verdad es libertad. Entonces, sentí que empezaba otra etapa en mi vida.
- ¿Sentiste odio por tus apropiadores?
Odio no, pero sí mucho enojo y dolor por las injusticias cometidas. Por haberme privado del afecto, los consejos, por carecer de los abrazos de mis padres. Mucha angustia, pero odio no. Saber que hay culpables y que no se hace justicia también me provoca mucho enojo.










